Mal de escuela. Daniel Pennac

Mal de escuela.

Daniel Pennac
Es un libro escrito por una persona que se consideraba a sí misma un “zoquete” una persona inválida para el estudio, memorización y para todo aquello relacionado con la escuela.

Lo que más puedo destacar de este libro es sin duda la transformación de zoquete a profesor y novelista. Este libro es un libro con el que me siento totalmente identificado. Yo también fui un zoquete absoluto en la Primaria y parte de Secundaria. Nadie tenía fe ni esperanzas en mí al igual que en Daniel Pennac. Son momentos frustrantes, en los que te sientes solo, nadie te acompaña y piensas que realmente la gente tiene razón “soy un tonto”, “no valgo”, “no debería haber ni nacido”. Siento una estrecha relación con el autor, ya que a grandes rasgos y por su libro sé lo que vivió. Sus sentimientos han corrido también por mis venas. Pero ahora me siento orgullo de mi mismo al igual que Daniel Pennac.

“ Qué casualidad, llega mi hermando a casa y no hace otra cosa que llamarme, idiota, tonto y deficiente mental, como solía hacer mi padre. Soy profesor de música y pronto de lengua extranjera, quien me lo diría cuando en 5 de Primaria llegaba a suspender hasta 5 asignaturas y nunca bajaba de tres a lo largo de toda la primaria. Si me hubieran ayudado habría aprendido, y ahora no tendría dificultades en ciertas materias como por ejemplo las matemáticas, jamás me aprendí la tabla de multiplicar quizás es porque pensaba que era un zoquete y me pasaba factura en los exámenes de secundaria donde entendía el proceso de los problemas, pero tardaba años en hacer una cuenta, se acababa el tiempo del examen y yo sentía una puñalada de dolor, ¿Cómo le decía a mi profesor que yo sabía hacerlo, pero que no sabía multiplicar? Me hubiera mandado a primero, y claro el resultado del examen un suspenso por saber resolver un problema. Mi cálculo mental es muy reducido y ahora me pasa factura incluso cuando me dan las vueltas de una compra o sumo dos números, que no hace falta que sean muy complejos para que erre, y lo que más detesto por culpa de mi aprendizaje tardío, los juegos de inteligencia, siempre me quedo fuera y no porque sea tonto sino porque no me prestaron ayuda cuando la necesité.

Mi inteligencia estaba en el arte, pero mi colegio se fundamentaba en meterte las matemáticas a puñetazos, aprender que es un verbo sin saber realmente lo que es y observar como una persona hablaba en un idioma que hasta hace pocos años no entendía en absoluto, y para colmo cuando llegaba la clase de artes, mi profesor al ver que hacía una paralela mal o de otro modo distinto al suyo me reventaba una tiza cuadrada y nueva en la cabeza hasta hacerla casi polvo sobre mi cuero cabelludo. Recuerdo también, esto es digno de contar, que una vez realicé un problema y lo saqué por regla de tres cuando desconocía lo que era, mi profesor me tachó el ejercicio y me tiró el cuaderno a la papelera tirando también por tierra mi ilusión por hacer las cosas bien. Quizás yo no hice lo correcto pero él estuvo menos acertado (era toda una costumbre acercarse a la papelera para recoger los restos del cuaderno, algunos llegaban a romperlos por la mitad o pedazos. Había profesores que incluso se pasaban el cuaderno por los sobacos ¿eso es normal?). Me obsesioné con salir de aquella ignorancia y comencé a leer e informarme de todo aquello que me interesaba, y me llamaba la atención como el profesor y escritor Daniel Pennac. Poco a poco fui aprendiendo enlazando y relacionando aprendizajes, fui un poco bastante autodidacta en mi educación Primaria por eso ahora tengo dificultades, pero muchas ya las he superado y acabaré superando toda. Llegaré lejos”


Monigotes que dibuja Pennac
en sus cuadernos.
Hoy en día le siguen acompañando

Daniel Pennac ha pasado por muchas de estas situaciones al igual que yo. Nosotros y muchos más que han sufrido estas calamidades debemos evitar que eso suceda con nuestros alumnos, ver lo que sucede en el aula, escucharles, estar atento de todos, porque a veces el que menos aparenta es el que más problemas tiene por resolver.


He comprendido gracias ha este libro que no soy el único que ha sufrido estos trastornos, que una persona sola o niño puede salir de ellos perfectamente como lo hice yo, pero si hubiera tenido la ayuda de alguien que comprendiera mi problema no se habría alargado tanto la situación.

No he sintetizado y quizás no realicé correctamente este trabajo como me pidieron, me ha podido más el sentimiento y la pasión que he sentido por este libro que la propia tarea. He tratado de imitar al autor narrando algo sobre mí en la escuela, claramente no he llegado ni llegaré a ser alguien como él, aunque he de decir que me queda mucho camino y muchas más ganas.